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Él y Ella

Él llegó a su vida de manera silenciosa,
sin gestos planeados, ni palabras bonitas,
con un cartel de prohibido enamorarse
y con un ramo de sonrisas que regala
a quien atreva acercarse.
Ella sin compañía,
vio a aquel caballero en el reflejo de la luna,
de pronto la abrazó el recuerdo,
y no existía figura más hermosa que la suya
En sus sueños él aparecía,
dormida o despierta era el alimento de sus días,
no hacía falta tocarlo, ni que él la toque,
sus ojos brillaban,
la ternura brotaba,
él no hacía nada,
y ella poco a poco se enamoraba.
Hacía tiempo que estaba sola,
y nunca nadie llegó a su vida de esa manera,
ella sólo sonreía al verlo,
guardaba en sus pecho latidos embriagados de dulzura,
y así, sus suspiros se hicieron eternos.
Él caminaba cauteloso,
parecía haber descubierto aquel amor escondido,
ella no sabía si sus gestos eran casuales
o conscientemente duros, distantes y fríos
Ella lograba ver en los ojos de él un bonito corazón,
guardaba en un pedacito del suyo alguna sonrisa
que sin querer a él se le escapó
sabía que aquel cartel de no pasar era el motivo de no avanzar
pero aún así,
ella escondía detrás de sus ojos todos los motivos para continuar
De él se sabe poco,
aunque para ella sus defectos podrían ser su mayor antojo,
Ella carga por dentro la alegría y el dolor
Aunque lleva en su rostro la huella de una ilusión
Él revoluciona el mundo de esta niña risueña,
y seguro que el de alguna más bella,
la intuición es el arma perfecta de los dos
Reconocen cuando otra lo mira con emoción
Y aunque existan otros ojos encantados que lo miren
Para ella siempre habrán gestos que aniquilen
Sin embargo en esos latidos enamorados
No hay puñal que permanezca enterrado
Sus barreras a veces provocan lágrimas,
pero ella pronto las seca buscando un motivo para sonreír,
aunque la risa de él pinta de estrellas el cielo de su mirar
a veces entristece pues sabe que es solo un invento de un amor que no será.
Ella a sus dieciocho,
él a sus treinta y ocho,
tienen un amor pendiente,
que ella nunca olvidará,
pues amores que llegan lentamente,
despertando tanta ternura,
nunca....
nunca se van.

Claudia E.

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